¿Cómo se hace un Icono?
Para la Iglesia de Oriente, depositaria de la tradición iconográfica, el icono es una
imagen sagrada en la que se venera la presencia del Santo representado; el icono es un
sacramental. Es por esto que la tradición oriental ha guardado celosamente la manera de
hacer un icono. Existe un método especial, una técnica acorde para escribir (grafo) un
icono, no se pueden utilizar elementos al azar ni tampoco innovar cánones. Veremos
que cada paso en la realización del icono está especialmente cuidado, tomando su
sentido del fin que busca: crear una imagen sagrada.
El VII Concilio Ecuménico (Concilio II de Nicea del año 787) aprobó el canon
iconográfico, formulado a lo largo de los siglos. Su fin es proteger la autenticidad de lo
que se representa, pues el icono no se concibe según la imaginación del artista, sino de
acuerdo a las Sagradas Escrituras y a la Tradición. Michel Quenot, siguiendo las
palabras de Mme Fortunato-Theokretov, así lo expresa en su libro El Icono: “El canon
iconográfico, formulado a lo largo de los siglos, no es una prisión que quiera privar al
artista de su impulso creador, sino la protección de la autenticidad de lo que se
representa”1. El icono expresa dogmas de fe.
Ahora bien, la atenencia al canon no busca ni anular la personalidad del iconógrafo así
como tampoco busca reducir la riqueza de las técnicas. En cuanto a lo primero, el canon
mismo acata lo propio de cada artista, afirmando: “el arte corresponde al pintor, pero
la forma en que debe realizarse corresponde a los Padres Venerables”. Es así que se
reconoce que no existen dos iconógrafos que puedan realizar un mismo icono, incluso
no el mismo iconógrafo no puede repetir exactamente una de sus obras; pues cada icono
es manifestación de Dios, que se da por el artista en el Espíritu. En cuanto a lo segundo,
el canon no rechaza las técnicas iconográficas que se han desarrollado a lo largo del
tiempo y en diferentes lugares, sino que las rescata a todas ellas, así podemos observar
una gran variedad de tonos y matices e incluso de proporciones según el origen de cada
icono (por ejemplo los colores de los iconos griegos son distintos de los rusos y de los
romanos; los iconos coptos muestran figuras menos alargadas, etc.). Es siguiendo este
canon la razón por la cual los mismos iconos se pintan una y otra vez; así vemos varias
copias del Icono de la Ternura de Vladimir o bien de la Trinidad de Rublev, ellos han
pasado a ser parte de la tradición iconográfica. En este punto es importante aclarar que,
para la Iglesia de Oriente, solamente el iconógrafo consagrado, que ha realizado los
estudios apropiados de teología y arte, puede crear iconos; pero lo más común es la
copia de iconos de la tradición.
* * *
A continuación explicaré brevemente cada uno de los pasos que se siguen al realizar un
icono. En este esquema me baso en la tradición bizantina, este esquema no se presenta
como único, existen variaciones, pero da a conocer los momentos claves, que creo
ayudará a conocer y comprender que el icono es, ante todo, una imagen sagrada.
1 QUENOT Michel, El Icono, Desclée de Brouwer, Bilbao, 1990; p. 90.
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1-Oración y elección del Icono a pintar.
La tradición dice que el iconógrafo primero debe concebir el icono en su alma por la
oración y luego reflejarla en la tabla por inspiración del Espíritu Santo. La oración se
encuentra al principio, durante y hacia el fin de la realización, es decir, siempre. Se
invoca constantemente al Espíritu Santo y al Santo de quien se está pintando el rostro.
La iconografía se relaciona íntimamente con el hesicasmo en su consagración a la
oración constante, a la oración del Nombre de Dios.
En este “primer paso” se marca la distinción del arte como sacro, pues es la acción del
Espíritu Santo coloca a la iconografía en el rango de arte Sagrado y en el camino de la
santificación del hombre. De la misma manera que nadie puede decir Jesús es el Señor
si no es por el Espíritu Santo (I Cor. 12,3) nadie puede escribir el icono del Señor si o es
por el Espíritu Santo. El fue, es y será siempre el Iconógrafo Divino. Existe una íntima
relación entre el Evangelio y el icono, que es expresada en el Concilio de
Constantinopla: “El Evangelio nos dice por la Palabra lo que el Icono anuncia por los
colores y nos lo hace presente”.
Cito una oración de la Tradición que muchos iconógrafos rezan al ponerse a trabajar:
“Tu, Dueño Divino de cuento existe, Ilumina y dirige el alma, el corazón y el espíritu de
tu servidor; lleva sus manos para que pueda representar digna y perfectamente Tu
imagen, la de tu Santa Madre y la de todos los Santos para gloria, alegría y
embellecimiento de tu Santa Iglesia”.
2- Selección y Preparación de la Tabla
San Juan Damasceno dice: “El sacerdote consagra el pan y el vino en el Cuerpo y la
Sangre de Cristo, el iconógrafo consagra la “materia bruta” en un mundo
transfigurado. Toma el pan común, es decir, las formas, las líneas y los colores y hace
con ese pan, con esa materia, una visión estética, una obra sobrenatural”. A partir de
este momento, todos los elementos son elegidos cuidadosamente, pues de esto
dependerá la conservación del Icono.
Se buscan tablas duras, no resinosas, bien secadas y claras, lisas, sin nudos, del centro
del árbol. Puede ser roble, incienso, palo blanco, cedro (cuidando que no tenga tonos
muy fuertes) y teca; ahora también se usan multilaminados de guatambú entre otros. La
tabla se corta respetando que la veta de la madera corra verticalmente, a fin de que al
trabajar la madera no deforme la imagen.
Muchos iconos tienen un marco, es decir que la tabla es cavada en el interior. El marco
funciona como reliquiario, guardando en su interior la imagen sagrada. También se dice
la superficie interna representa el paraíso que está separado por el marco del mundo
externo.
Elegida la tabla, se debe preparar la superficie a pintar de una manera especial. Primero
se lija la superficie para que quede bien lisa. Segundo se encola (cola de conejo, de
pescado o gelatina) y se pega una tela (batista, gasa, caneva de algodón, liencillo fino de
algodón u otro similar) permitiendo una mejor adherencia al fondo para recibir los
colores y además evita deterioros de la pintura ocasionados por grietas por el
movimiento de la madera. Se deja secar. Luego se cubre la superficie con el levkas
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(mezcla de cola de conejo, agua y tiza), se deja secar y se lija; esto se repite entre 8 a 12
veces. La última capa debe quedar lisa pero no brillante, de lo contrario se volvería
impermeable y no recibiría los pigmentos. La superficie blanca representa el estado
anterior de la creación.
3- Dibujo
Se dibuja en la tabla las figuras que van a ser representadas, como dije antes, en general
se copian de la Tradición. Estos pueden calcarse y pasarlo a la tabla marcándola con un
punzó o bien con pigmentos, papel carbónico (cuidando que no sea grasoso), etc.
En este punto considero interesente mencionar algunas de las reglas de la iconografía
que atañen justamente a las características distintivas de las imágenes. Las señalaré por
ítems:
a- Estructuración: En todo icono se nota un orden perfecto fruto de una estructuración
bien definida. Esto se puede ver, por ejemplo, en la división del icono de la
Natividad en tres partes: alto, centro, abajo; en el icono de la Crucifixión también se
nota en la posición central de la cruz; además, todo icono se encuentra
generalmente, de manera invisible, estructurado en basa a una cruz.
b- Falta de realismo: Los dibujos no buscan representar las imágenes tal como las
vemos sino de una manera que las haga parecer como irreales porque se trata de un
espacio y tiempo y de una figura santificada. El dibujo es simple y sobrio, sólo
muestra lo esencial. No busca por tanto la perfección en tanto copia de la naturaleza,
en este sentido tal perfección dañaría al icono pues lo descentraría de la mirada
interior y ocultaría su significado como revelación del misterio y no de la naturaleza.
El iconógrafo debe comprender y hacer comprender que la belleza del icono no está
en su perfección estética sino en lo que inspira al contemplarlo. Debe hacer de las
líneas y del color un canto de alabanza, una oración.
Por esto mismo se ignoran proporciones, por ejemplo, una figura humana se
presenta más grande que un edificio o un árbol (esto puede observarse con claridad
en el icono de la Crucifixión). Las figuras tampoco se muestran proporcionadas
según los planos sino según su importancia y lo que se quiere destacar en el icono.
c- Sin tiempo ni espacio: La acción se desarrolla fuera de los límites de lugar y tiempo,
porque lo representado desborda el tiempo y el lugar histórico. Las figuras se
destacan sobre un fondo en ausencia de todo elemento decorativo o segundo plano,
en general, dorados. De esta manera, el santo representado, o la situación bíblica, es
percibido fuera del tiempo y del espacio, imponiéndose solamente por su presencia
espiritual. En el caso de tratarse de un lugar específico, como en la Anunciación, la
composición no se encierra jamás entre paredes (los santos son incontenibles).
Tampoco se respeta la cronología natural de los hechos sino que las escenas se
superponen siguiendo el orden interior de un tiempo dado (como puede verse en La
Natividad).
d- Perspectiva Invertida:
El punto de fuga no se encuentra “atrás” en la tabla, sino “adelante”, en el
espectador, haciendo que todas las líneas se dirijan a él. De esta manera el mundo
del icono está vuelto hacia el hombre, los personajes salen a su encuentro. Este
recurso origina una apertura, mientras que el punto de fuga dentro del cuadro,
encierra al espectador en el mismo. La inversión de la perspectiva nos recuerda que
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Dios toma la iniciativa de salir al encuentro del hombre. La iconografía trata de
lograr un estado de interiorización, de unión, de acercamiento y de comunión entre
el santo representado y quien lo contempla.
e- Figuras Humanas: También son representadas siguiendo el “principio de irrealidad”,
pues no se trata de cuerpos naturales, sino santificados. Son figuras hieráticas, cuya
inmovilidad muestra el desborde de lo ilimitado del espíritu.
Veamos algunas características:
- Grandeza de las figuras: La imagen del hombre nuevo remodelado por Cristo
nos refiere a un mundo nuevo en el que ya no existen las dimensiones, es la
libertad absoluta. El tamaño de un personaje se determina en función de su valor
y de su significado.
- Figuras frontales: Los santos representados siempre se encuentran de frente,
mirando hacia delante, no hacia arriba o entre ellos. La posición frontal
simboliza la presencia; mientras que la posición de perfil interrumpe la
comunicación y no permite la contemplación del rostro, cortando el contacto
directo y despersonalizando la relación. De perfil sólo se representan los
personajes que no alcanzaron la santidad, por ejemplo los magos y los pastores
en la natividad, o bien a Judas y a los condenados.
- Rostro: Dado que se trata de un rostro santificado, cada órgano de los sentidos es
tocado por la gracia y santificado, dejando de ser el órgano habitual sensorial del
hombre, por lo que es representado atendiendo a la nueva percepción del cuerpo
divinizado. La frente es alta y abombada acentuando el carácter contemplativo y
la sabiduría de la vida del cristiano. Los ojos son grandes, a veces
desmesuradamente, y se encuentran abiertos, con la mirada fija: testimonian la
Escritura que dice: “Mis ojos están fijos en Yahvé” (Ps 25, 15), están abiertos a
lo sublime. Las orejas son alargadas e interiorizadas para escuchar las palabras
de Dios y no los ruidos del mundo. La nariz es sólo una curva fina (que puede
ser más o menos curva dependiendo del personaje), las fosas nasales no se
marcan y las aletas se indican sólo con una línea; a fin de destaca la nobleza del
santo y marcar que sólo percibe el buen olor de Cristo y el aliento vivificador del
espíritu. La boca es pequeña, geométrica y privada de sensualidad. Es pequeña
porque el cuerpo ya no necesita alimento terrestre para vivir; y permanece
cerrada porque la contemplación exige silencio.
- Manos y Pies: Los dedos aparecen desmesuradamente largos indicando la
desnaturalización. En la Virgen, cuando alza al Niño, las manos son más grandes
porque sostienen y señalan al insostenible. Los pies también aparecen
desnaturalizados, pues yo no pisan la tierra.
- Mantos: Cubre y manifiesta al santo, indicando cuál era su oficio, donde vivió,
en qué tiempo; así por ejemplo el manto de San Benito es completamente
diferente del se San Jorge. Los colores son también muy importantes (lo
veremos a continuación, al tratar sobre la simbología de los colores). Los
pliegues de los mantos están simplificados y son geométricos.
f- La naturaleza y las construcciones: Las rocas, las plantas, las montañas y los
animales no aparecen tal como nosotros las vemos, sino que se subordinan a la
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imagen representada, sufriendo por tanto una desnaturalización (por ejemplo
caballos y rocas pintadas en ocre rojo). Son simplificados, geométricos y su
tamaño no es respetado.
4- Dorado
Los iconos más antiguos no llevan dorado, es una invención posterior, por lo que se
pintaba el fondo con pigmento amarillo oro. Actualmente hay muchas técnicas
diferentes para dorar a la hoja. Básicamente, sobre la madera preparada con el levkas se
pinta una base de bol que puede ser bordo, ocre o negro. Se pintan aproximadamente
tres capas y se lija entre medio para que la base quede bien lisa. Luego se pule con un
trapo para que quede brillante. Sobre esa superficie se coloca el pegamento, que puede
ser gelatina con agua o cerveza, cola de conejo, o bien cola de oro. Se colocan las hojas
con sumo cuidado, se deja secar bien y luego se retiran los excedentes con un pincel
muy suave. Finalmente, si no se ha pegado con la cola de oro, se bruñe la superficie con
una piedra de ágata.
El oro simboliza la luz pura, la luz divina, la luz increada a diferencia de los colores que
reflejan la luz. Representa el centro de la vida divina, pues Dios es más resplandeciente
que el sol. El color dorado nos lleva a la divinidad, a un mundo invisible que brota a
través de los cuerpos transfigurados. Dado que el oro es un color que no se encuentra en
la naturaleza –más allá del propio mineral–, al dorar el fondo del icono se crea un
espacio fuera del espacio natural. El oro también se utiliza para los nimbos de los
santos. Estos simbolizan la abundancia de luz en aquel que vive en la intimidad de Dios,
por lo que el nimbo no es un agregado externo sino que simboliza la luz que fluye del
interior del santo. Es conocido la experiencia de Motovilov en la cuenta cómo el rostro
de San Serafín de Sarov se volvió más luminoso que el sol. En Mt 13, 43 se afirma que,
en el Reino de Dios, los justos brillarán como el sol.
5- Pintar
Para pintar un icono se usan pigmentos naturales o a veces artificiales, según cada caso
y las posibilidades de cada lugar (por ejemplo, muchas veces se usa pigmento azul
artificial pues el natural se extrae de una piedra preciosa: lapislázuli). Los pigmentos
también varían según la geografía de cada lugar y según los tiempos. El diluyente es a
base de yema de huevo con agua y vinagre de vino o cerveza u otros, como agua
ardiente, leche de higuera, que ayudan a la dilución del pigmento; las proporciones
varían según la técnica. La técnica de pintura se conoce como “pintura al temple”. Un
icono no se pinta ni con óleos, ni con acrílicos, ni con acuarelas. Los pinceles deben ser
muy suaves a fin de que no se note el trazo y de que no arrastre la pintura. Se usan
pinceles de pelo de ardilla o de marta, entre otros. Se pinta de una manera muy suave,
con poca pintura, en veladuras, sobreponiendo capas; requiere mucha paciencia y
prudencia pues hay que ir viendo cuánto y cómo absorbe la tabla, dependiendo de la
humedad, para evitar que el icono se estropee.
Siguiendo la técnica griega, primero se pintan las bases oscuras y luego se dan sucesivas
capas más claras, llamadas “luces”, haciendo que las figuras vayan surgiendo, llevando
a cada color a su máxima saturación. En los rostros y mantos se pueden reconocer tres
luces: la 1’ es la del Padre (siempre está pero no se ve), la 2’, la del Hijo (se hace carne,
se ve, se oye, se siente), y la 3’ del Espíritu Santo (nadie puede decir Cristo sino es en el
Espíritu Santo). Después de la tercera, las luces toman la forma de las suaves curvas y
se llaman revividores, a veces la última luz se hace con hilos dorados y se llaman “l’
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assiste”. La forma de aclarar puede variar según la técnica, por ejemplo muchas técnicas
rusas utilizan el diluyente bien aguado y mezclan los colores en el icono, aclarándolo
simultáneamente. Ahora bien, lo importante es que en iconografía se pinta “con la luz”,
más que con los colores. El icono de la Transfiguración enseña esto mismo al
iconógrafo.
Al tratar de la pintura, considero apropiado mencionar el simbolismo de los colores más
significativos en iconografía. Johannes Itten afirma: “Los colores son fuerzas
resplandecientes, generadoras de energía que desarrollan en nosotros una acción
positiva o negativa, seamos o nos conscientes de ello”. Se trata del simbolismo dado
desde la Tradición y aceptado de acuerdo a las características mismas de los colores.
Michel Quenot en su libro El Icono, citando Trois études sûr l´icone, afirma: “Por
alguna intuición mística los iconógrafos adivinaron el secreto del espectro solar,
descubierto más tarde y percibieron todas las tonalidades del arco iris como
refracciones multicolores del único rayo de luz de la vida divina”2. El color es
altamente simbólico, se dirige a la sensibilidad a diferencia del dibujo que habla a la
razón.
- El blanco es la luz, es el color de la gracia y de la transfiguración que acontece en todo
icono y que representa por excelencia en el Icono de la Transfiguración del Señor. Es
por esto que el iconógrafo se consagra como tal al pintarlo.
- El rojo simboliza a la divinidad; rojo es el vestido del Pantocrator (es Dios) y el manto
de la Virgen (que ha sido llena del Espíritu).
- El azul, simboliza a la humanidad; azul es el manto del Pantocrator (pues ha sido
revestido de la humanidad), el vestido de la Virgen (ella es humana).
- El verde, complementario del rojo, es el color del reino vegetal, de la primavera, y de
la renovación. Situado entre el azul y el rojo, representa el equilibrio perfecto, la calma,
la ausencia de movimiento. Es símbolo de la regeneración espiritual. Es con frecuencia
el color de los profetas y de Juan Evangelista, anunciadores del Espíritu Santo.
- El marrón es el color del suelo, de las arcilla y del sembrado es resultado de una
mezcla de rojo, azul, verde y negro. Sugiere la degradación del vegetal que ennegrece la
tierra. Los iconos llenos de colores ocres que juegan con la luz, simbolizando una tierra
transfigurada. Es el color del sayal de los religiosos, símbolo de humildad y de pobreza.
- El negro, igual que el blanco es la ausencia o suma de colores, pero es negación de luz.
Evoca la nada, el caos, la angustia y la muerte, absorbe la luz sin restituirla, sin embargo
guarda la promesa de la aurora (como la noche). Es el color del hábito de los monjes
significando la renuncia a la vanidad del mundo; los condenados en el Juicio Final y los
diablos que también pueden ser rojos o marrones. Negra es la gruta en el icono de la
Natividad; la tumba de Lázaro; la gruta bajo la cruz; el Hades en el icono de la
resurrección.
6- Escritura del nombre de los santos y título del icono.
El icono no está terminado si no lleva el nombre del santo representado y el título, si
fuera pertinente. El nombre inviste de una presencia al icono, y se conecta también con
a oración de la invocación del santo por medio de su nombre (prática típica del
hesicasmo). El Nombre y el título pueden estar en las lenguas originales o en lengua
vernácula.
2 Op. cit., p. 140.
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En este punto es importante aclarar que el icono no se firma, pues como ya dijimos, éste
no busca revelar al artista sino al santo. Sin embargo, a raíz de problemas de
falsificaciones, los obispos de las iglesias de Oriente han permitido que los iconos
lleven el nombre del iconógrafo como signo de su autenticidad. Los monjes pueden
firmar delante, anteponiendo “Este icono ha sido realizado por las manos pecadoras de
xxx” y atrás debe graba el nombre en la madera; o bien se graba el nombre detrás
solamente.
7- Secado y barnizado
Una vez finalizado el icono, se debe dejar secar bien, los colores deben penetrar todas
las capas de levkas y asentarse bien, se lo contrario, al barnizarlo los colores se
correrían. El tiempo de secado depende del barniz que se vaya a utilizar. Si se barniza
con olipha (aceite de lino y secativos) se debe dejar un año de secado, éste es el método
usado antiguamente. Hoy también se usan otros barnices.
* Una vez terminado el Icono, algunos le agregan una “Riza” u “Oklad”. Esto es
herencia del siglo XVI, y empezó como protección, pues el humo de las velas ennegrece
las imágenes; y terminó usándose como decoración, muchas veces con incrustaciones de
piedras preciosas.
8- Bendición del icono.
El icono se debe bendecir durante la Misa, para esto es colocado sobre el altar antes de
comenzar el oficio. Describo brevemente la bendición:
- Antes de cantar el Gloria, el sacerdote pronuncia una oración de bendición, con los
brazos extendidos, pidiendo al Señor que bendiga el Icono y que lo revista del poder de
la curación y de repeler todo ataque del demonio, de tal manera que todos los que oren
con piedad ante él sean escuchados y alcancen la misericordia del amor divino y para
que sean templos de la Gracia Divina (recordemos que para la Iglesia de Oriente el
Icono es un sacramental).
- Sacerdote rocía el Icono con agua bendita.
- Sacerdote hace la señal de la cruz sobre el icono con el aceite bendecido el miércoles
santo – o con santo Mirón si se trata de la bendición de un Icono para el altar o para el
templo
- Sacerdote inciensa el icono, lo venera y lo besa mientras el coro canta el Tropario de
quien representa el icono, si hay más de uno, se canta el tropario del icono más
importante.
9- Oración
En las reglas del iconógrafo se dice que éste debe ser el primero en rezar ante su icono:
Reglas para el Iconógrafo:
1- Antes de comenzar a trabajar haz el signo de la Cruz en silencio y perdona a tus
enemigos.
2- Sígnate varias veces durante el trabajo para fortificarte espiritual y físicamente.
3- Evita toda palabra inútil, guarda silencio y guarda tu espíritu de la distracción.
4- Ora especialmente a Aquel de quien pintas el rostro. El estará cerca de ti.
5- Cumple con cuidado cada detalle de tu Icono, como si trabajases ante el mismo
Señor.
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6- Cuando dibujes o pintes extiende tus manos interiores hacia el Señor y pídele
consejo.
7- No sientas celos del trabajo de otros iconógrafo. Su éxito es el tuyo.
8- Al terminar, agradece al Señor su misericordia, porque te ha acordado la gracias
de pintar Imágenes Santas.
9- Sé el primero en orar ante tu Icono.
10- Si lo das a otro dile que debe ser bendecido y colocado en el altar durante un
oficio litúrgico.
11-No olvides nunca: la alegría de expandir los Iconos en este mundo, la alegría del
trabajo propio del iconógrafo, la alegría de dar a los Santos la posibilidad de
resplandecer a través de su Icono, y la alegría de estar en unión con el Santo
cuyo rostro pintas.
12- Tampoco olvides: Que tú serás la gloria del Señor por tu Icono; que expandes la
gloria del Santo cuyo rostro pintas; que comulgas en la gloria del Señor con tu
Icono; que cantas la gloria del Señor con tu Icono.
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Descripción de un icono: El Icono de la Crucifixión.
Este icono es copia de aquel que fue realizado en el siglo IX por la escuela de
Constantinopla y que ahora se encuentra en el Museo Bizantino de Atenas.
La mayoría de los iconos de la Crucifixión no llevan la inscripción “Jesús de Nazaret”
sino la de “El Rey de la gloria y de los ángeles” siguiendo la expresión de san Pablo (1
Co 2,8). Además, en la Liturgia se reza “por su muerte ha vencido a la muerte”. Todo
esto se muestra en la tradición iconográfica al representar el cuerpo de Cristo en la
cruz, no como torturado, herido, anonadado, sino intacto y glorioso, pues representan al
Dueño de la Vida. Su vestidura es blanca como en la transfiguración.
La cruz siempre se encuentra en el centro de la composición, en un equilibrio perfecto.
Ésta se erige en el Monte Gólgota (espacio sagrado considerado en la tradición
bizantina como el centro del mundo). La cruz está anclada en el centro de la tierra en el
omphalos (ombligo) del mundo, la oscura gruta en la que reposa el cráneo de Adán. La
cruz en el centro del universo figura como eje del mundo en el que convergen los tres
niveles cósmicos: el de lo alto (Cielo), el nuestro (la Tierra) y el de abajo (los Infiernos)
donde hunde sus raíces el árbol de la salvación. El hombre encuentra su principio vital
en estos dos centros: el Gólgota y la Cruz
Cristo da su vida en el centro de la cruz: el cosmos en su totalidad participa de su
muerte-resurrección. El cuerpo de Cristo es alargado y se encuentra ligeramente
inclinado hacia su Madre. Con los ojos cerrados se transmite que está verdaderamente
muerto, pero su muerte no comunica angustia y desesperación, sino paz, comunión y
dignidad. Su rostro inclinado deja adivinar un sueño profundo (“La vida está dormida y
el infierno ruge de espanto” oficio del Sábado Santo). La sangre del costado de Cristo
se desliza desde su costado abierto sobre el cráneo del representante de la humanidad
que de esta manera reencuentra la Vida.
9
La Santísima Virgen María se encuentra al lado de su Hijo, en plena común con su
dolor. Su cabeza inclinada indica su total obediencia a Dios. Al otro lado se encuentra
san Juan evangelista, el discípulo amado, absorto en la meditación. Por encima de la
cruz, a cada lado, se encuentran dos ángeles que llevan los elementos de la tortura de
Cristo: una lanza y una esponja con vinagre. Al fondo del icono aparecen las murallas
de Jerusalén, significando que Cristo ha sido crucificado fuera de su tierra y rechazado
por los suyos.
Iconos más "sonados"
La Crucifixión
10
La Virgen de la Ternura
La Virgen del Portal
11
La Virgen del Monte Carmelo
La Virgen del Signo
12
San Juan Bautista
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